lunes, 6 de octubre de 2014

HACIA EL SACERDOCIO (2)

A lo largo de los cuatro años que lo llevan hacia el sacerdocio, algunos acontecimientos se cruzan en la vida de Agustín, entre ellos, una interrupción en sus estudios, porque sufre graves dolores de estómago. Ya habituado en el seminario menor a seguir las penitencias de la Cuaresma, en esa primavera de 1846, sin duda exageró demasiado el ayuno pues se vio obligado a tomarse un período de descanso que se prolongará hasta el verano. Pero toda su vida padecerá la secuela de ese problema de salud, lo que explica que siempre diese importancia a la salud de los Sacerdotes y Hermanas y fuese enemigo de toda clase de penitencia que pudiese disminuir la resistencia física de los mismos. Su ausencia forzada no impide a Agustín de terminar con éxito su año de filosofía y entrar en el otoño siguiente a la clase especial reservada a los mejores alumnos, aquellos a quienes se los juzgaba capaces de obtener el bachillerato. Agustín lo logra con éxito, si tenemos en cuenta los cargos de enseñanza que le fueron confiados a continuación. En adelante se encuentra libre para empezar los estudios de teología.

HACIA EL SACERDOCIO (1)

En 1807 urgido por abrir un seminario y no teniendo un lugar adecuado, Monseñor Belmas había comprado en el barrio del Badar un convento de religiosas. Pero cuando, treinta años más tarde pudo por fin adquirir el ex colegio de los jesuitas, sin tardar transfirió allí a los seminaristas mayores. La belleza y las dimensiones de la capilla favorecieron esa elección. Con su altar de mármol, sus órganos y tres grandes naves, estaba señalada para las futuras ordenaciones. Agustín iba a menudo a rezar allí y en ella fue dando los distintos  pasos hacia el sacerdocio.
El 28 de octubre ingresa en la clase de filosofía. Nadie podrá disputarle el primer lugar en ésta materia en la que su espíritu sólido le sirve para ser clasificado notablemente por sobre sus compañeros. En su legajo se dice "Buen alumno en filosofía", mensiòn muy elogiosa cuando se sabe que el señor Leleu no era pródigo en alabanzas.
Ese nuevo superior de Agustín, joven todavía, que primero había pensado en orientarse hacia la Trapa, conservaba de ese deseo nunca realizado, el gusto por el ascetismo y la sobriedad.Y al modo de un monje, tenìa el culto por la regla que definía como el mejor medio de formación de los clérigos...Tenemos que reconocer que, desde la Tía Poupart, los educadores del Padre Planque siguieron todos la misma línea de austeridad. Le ofrecieron sucesivamente un marco de vida más bien rígido, donde la puntualidad cobraba valor de ideal. Sin embargo a ninguno de ellos le faltaba comprensión ni bondad. Ese ambiente en que el rigor sabía aliarse a la humanidad influyó en la evolución del futuro padre Planque.
El señor Leleu no fue una excepción, detrás de una apariencia de firmeza, se conservaba sencillo y benévolo. Lleno de sensatez, dotado de un gran espíritu de decisión, le gustaba aproximarse a los seminaristas y ganarse su confianza. Su relación con Dios era la de un hombre que contempla y medita, pero que al mismo tiempo adhiera a las "prácticas". Monseñor Giraud encontraba en él un colaborador ideal para devolver a la casa un clima de oración y restablecer, como lo deseaba, "los ejercicios espirituales" a los cuales la época concedía una gran importancia: lectura, examen de conciencia, rosario en común, etc. No hay duda de que semejante superior haya contribuido a afianzar a Agustín en su elección y en sus aspiraciones personales. Le dio, entre otras cosas, el ejemplo de una sumisión absoluta a la autoridad infalible de Roma, de la cual se había hecho un ardiente defensor mucha antes del Concilio Vaticano I. Cuando el Padre Planque, convertido en Fundador, redacte las Constituciones de sus dos Sociedades, se podrá evaluar lo que había retenido de los consejos de sus maestros. 
Con el deseo de mejorar la calidad de la enseñanza, Monseñor Giraud y el Superior agregan a las materias tradicionales el estudio del Derecho Canónico y crean una cátedra de hebreo. Para el curso de física se compran nuevos instrumentos. Para botánica, los jardines de Neuville sirven de campo de experimentación. Estas innovaciones permiten hacerse una idea de las facilidades de trabajo ofrecidas a los alumnos.

domingo, 19 de julio de 2009

EL SEMINARIO MENOR DE CAMBRAI

Como consecuencia del Concordato de 1801 (firmado entre Napoleón 1º y el Papa Pío VII), que puso fin a largos años de perturbaciones, persecuciones y desórdenes en la Iglesia de Francia; la diócesis del Norte, recibió a Monseñor Luis Belmas, como nuevo titular episcopal de la sede de Cambrai. En una región donde tantas iglesias habían sido destruídas, mientras otras permanecián desorganizadas o abandonadas, el obispo Belmas se hizo cargo de reconstruir un clero más joven, más numeroso y sobre todo,más formado.
Por eso en 1807 crea un seminario diocesano. Al año siguiente, con el fin de facilitar el reclutamiento de los futros clérigos, comienza el seminario menor. Este tuvo bastantes dificultades antes de poder ser autónomo y emprender una carrera que sería larga y brillante. Entre 1840 y 1850 comienza la época de las reformas y de las innovaciones, una suerte para Agustín que ingresa en Cambrai en octubre de 1841.
En 1842, monseñor Giraud, sucede a Belmas. Si bien tienen estilos diferentes, coinciden en su deseo de proporcionar una buena formación espiritual e intelectual a los seminaristas.
Los cursos de catequesis ocupan un lugar importante, y los momentos dedicados a la oración, a los retiros, a la reflexión, son siempre respetados. Se multiplican las ocasiones de fiestas religiosas, por ejemplo, en la capilla del seminario, ya el 8 de diciembre de 1842, se festeja la Inmaculada Concepción de la Virgen María, , y se crea una congregación mariana (como muchas otras que surgieron en ese momento) para sostener la fe y oración de los adolescentes.
En 1844, se coloca un Via Crucis en el seminario menor y se establece la costumbre de rezarlo cada día. Agustín permanecerá fiel a esta devoción hasta el final de su vida.
El nivel de los estudios es elevado, lo que contribuye a la buena fama del colegio.
Entre los profesores a los que Agustín deberá su reconocimiento, cabe mencionar especialmente al Señor Destaubes, profesor de historia y geografía en los dos últimos años. Este hombre de gran erudición, tenía la capacidad de despertar en sus alumnos la curiosidad y de comunicarles el gusto por la investigación. El joven seminarista Agustin, aprovechó al máximo los cursos del profesor y aprendió sobre todo, a dibujar mapas, lo que más tarde, le será de gran utilidad.
Agustín termina el Seminario Menor en junio de 1845 y rinde el examen para el ingreso al Seminario Mayor.