sábado, 7 de enero de 2017

CAPITULO UNDECIMO: ESENCIALMENTE MISIONERAS (10)

4- DE DAHOMEY A LAS ORILLAS DEL NILO (2)

Uno de los puntos que le preocupa fuertemente, es el buen entendimiento entre los dos grupos: el de las primeras de Couzon, "las mayores", como las llama, y las nuevas Hermanas. 
El Padre ha deseado a menudo "que todas formen sólo una familia y que reciban a las que llegan con bondad y caridad..." (1). 

Pero el encuentro no se realiza sin tropiezos, las primeras se mantienen naturalmente en su ideal franciscano y, con su experiencia de cerca de diez años de misión en Africa, tienen tendencia a mirar "sin indulgencia a las jóvenes" de las cuales critican fácilmente la insuficiencia de las aptitudes y de la formación. Tendrá entonces que "separar a los dos grupos"?, él que "contaba tanto con las mayores para animar y estimular a las que llegan con toda su buena voluntad" (2).
Preocupado "de que la obra naciente no se hunda por la acción de ese lenguaje de reprobación y desprecio" (3), reacciona vivamente tanto más, que todo lo que se dice y escribe llega hasta el noviciado de Lyon...(4) sembrando algo de pánico...

Y luego, el tono se calma. El Padre
Louapre, superior de Porto Novo, debió intervenir. El Padre Planque que aprecia tanto a las mayores, reconoce su mérito y su devoción a la misión (5), insistiendo en reclamar un poco más de moderación y de justicia en las palabras. Y él que no pierde nunca la ocasión de informar a Roma y a los consejos centrales de la Propagación de la Fe del éxito de sus misioneros, ya ha informado a todos los responsables superiores, que "las Hermanas son muy reconocidas y que verdaderamente, hacen mucho para arraigar la misión" (6). 

Desde ese momento, del Dahomey y a las orillas del Nilo, estarán así en todas partes, allí donde van a aventurarse los Padres. Y en ese compartir la misma vida apostólica, es importante que haya entre ellos una puesta en común de los proyectos, de los esfuerzos y de las tareas. "Estudiarán con el Padre Prefecto, recomienda el Superior a la Hermana Claire, cuál es el mejor medio de hacer fructífera la misión que van a realizar con las mujeres y las jóvenes. De ese acuerdo combinado y de ese pleno entendimiento, saldrá el verdadero bien." (7)

Pero como quiere también las situaciones claras, tiene mucho empeño en que las Hermanas formen comunidades autónomas. Por el momento, la obligación la tienen los Padres de "cuidar para que no les falte nada- e incluso, de ser "generosos sobre ese punto", considerando que "hay cosas que pueder serles necesarias, pues tienen otras necesidades que nosotros..!"
Que se abstengan de inmiscuírse en las cuestiones relativas a las casas de las Hermanas. Tienen sus responsables y deben arreglar sus propios asuntos ellas mismas.

Siempre trabajando dentro de los mismos territorios, se encontrarán como ellos, en situaciones muy variadas: ambientes, costumbres y condiciones de vida que deben enfrentar, a veces pintorescas o emocionantes, raramente peligrosas, aún si a menudo son cansadoras. Aquí, recuperarán, con algo de diplomacia, a las jovencitas prometidas a la esclavitud de Zounon, el rey del día o a Toffa, el rey de la noche. Allá, partirán a la recolección de los bebés abandonados en la maleza porque, si bien las mujeres están estrechamente ligadas a sus hijos, deben separarse de aquellos que podrían traer desgracias- gemelos, discapacitados, etc.
En Agoué, en un antiguo calabozo, comienzan a dar clases y pueden ver allí todavía, los restos de argollas con los cuales los negreros encadenaban a desgraciadas multitudes humanas, antes de embarcarlas para América. Por otra parte, conocerán las travesías en piraguas, y en Egipto, en las famosas "falúas" del Nilo, con sus pesadas velas, para ir al encuentro de los felás. 

En Egipto, después de abrir su primera escuela en Tantah (8), deberán, por causa de los motines, huír rápido, incluso a Francia. Las que se quedaron en Alejandría, asistirán al espectáculo de los combates y de los bombardeos, seguidos del desembarco de las tropas inglesas. 
Tendrán que visitar a los ancianos en las chozas, curar en el dispensario llagas u oftalmias, y pensar en abrir un asilo para los leprosos; enseñar a leer o a bordar, enseñar el catecismo y también la pintura y la música, y sobre todo, encontrarse con las mujeres, para quienes han venido...¡Las Hermanas no tienen tiempo de descansar o de soñar!
"Podría hacerse una idea del respeto del cual están rodeadas, las que viven haciendo el bien a todos?"
Y el Padre, con admiración, agrega: "Debo decir que la gente está deslumbrada de la caridad de éstas `Saaba banate´ (las siete jóvenes sin marido)!" (9)


  1. Carta de Planque a la Hna. Raphaël, 27/11/1878.
  2. Carta de Planque al Padre Louapre, 31/7/1878.
  3. Carta de Planque al Padre Louapre, 4/9/1878 y 16/10/1878. Cf. carta al Padre Ménager, 4/9/1878: "No dejemos ganar terreno a un espíritu que destruirá todo."
  4. Carta de Planque al Padre Louapre, 28/11/1878.
  5. El Padre se ocupa de que las primeras que han optado por la nueva Congregación, conserven allí completamente su lugar. Es por eso que no desea que continúen con Couzon una correspondencia que no parece hacer bien ni a unos ni a otros...Cf. carta al Padre Ménager, 11/6/1879.; al Padre Chausse, 25/6/1879; al Padre Louapre, 29/1/1879 y 19/2/1879.
  6. Carta de Planque al Cardenal Barnabo, 12/12/1868- a la Propagación de la Fe, 25/3/1869- y varias otras.
  7. Carta de Planque a la Hna. Claire, 24/2/1894.
  8. las Hermanas abrieron la misión de Tantah en 1881.
  9. Cuando regresaron a Tantah después del motín, a fines de 1882, eran siete... y el nombre les quedó!

lunes, 2 de enero de 2017

CAPITULO UNDECIMO: ESENCIALMENTE MISIONERAS (9)

4- DE DAHOMEY A LAS ORILLAS DEL NILO (1)

Desde abril de 1877 a febrero de 1880, se cuentan ya dieciséis Hermanas que se han embarcado para la costa de Guinea, en cinco embarques sucesivos. Después de Marie de l´Assomption y Marie Raphaël, seguirán otras en1881-1882, para las primeras fundaciones en Egipto: Hnas. Alexandre, Héliodore, Athanase...(1)
Como allá se espera el relevo, esas partidas a menudo son demasiado prematuras. Además, hasta 1881 (2), el Padre Planque no puede realizar las Profesiones Religiosas en la Guillotière (3). Parece que en los comienzos pidió al Señor Durieu, Superior en Porto Novo, uno de los Hermanos en quien tiene puesta toda su confianza (4), que cuide de las Hermanas que sólo han hecho un año de noviciado, para que puedan terminar su formación.
Cuando disponga de un personal numeroso el Padre encargará a una de las mayores. Hna. Thaïs, en Zagazig, Hna. Dominique en Tantah- que vigile la continuación de la formación religiosa, "como se hace, en la mayoría de las comunidaes donde las jóvenes permanecen durante cinco años bajo la conducción de su Maestra de Noviciado." (5). De la misma manera, "desea que la Hna. Claire eche raíces en Elmina porque no quisera ver a las recién llegadas sin una Hermana mayor." (6)

Sin embargo, el Superior no ha desistido de sus buenos oficios si se juzga por el correo que aumentará considerablemente- desde el momento en que las Hemanas nsa abandonaron su residencia- con largas páginas o pequeños mensajes que les envía donde está siempre presente y lleno de interés: "Escríbanme, si necesitan, siempre seré vuestro Padre" (7).
Verdaderas esquelas de espiritualidad para llevarlas a orientarse un poco más, mediante tantas cosas humildes y concretas de su vida, hacia el silencio interior que se adecua a todas las "palabras" del apostolado...(8)- y a volverse hacia "ese prójimo de Africa" al cual han prometido servir y llevar la la alegría de Cristo.

Como en los tiempos del Noviciado, el Padre siempre tiene palabras marcadas de severidad y rigor, que debe escucharse en toda su aspereza, incluso si hoy fueran difícilmente admisibles. No economiza con las Hermanas, ni las observaciones, ni las reprobaciones merecidas; ni los llamados al orden o a las obligaciones de todo lo que hace a su vida de apóstoles. Pero principalmente, a través del correo, se vuelve apoyo, una especie de recurso, punto de referencia en los problemas difíciles de arreglar. Siempre comprensivo y bueno, apoya y sostiene a cada una. Las Hermanas saben que pueden confiarse a él, a su recititud y al inmenso deseo que tiene de verlas establecerse sólidamente en Africa.



  1. Sus nombres merecen ser retenidos, la primera será superiora general en 1910, la segunda, será provincial de Egipto, la tercer, después de su regreso a Francia, ejercerá varias funciones de responsabilidad.
  2. En esa fecha, las Hermanas habrán elegido domicilio en la diócesis de Grenoble...
  3. La Hermanas deberán prepararse para su profesión religiosa en Africa. La primera en hacer allá sus votos será, la Hermana Raphaël (cf. carta del 4/6/1878)
  4. El Padre Durieu acaba de ser nombrado pro-prefecto del Vicariato.
  5. Carta de Planque a las Hermanas de Egipto, 30/4/1884.
  6. Carta de Planque al Padre Moreau, 11/6/1884. Hna. Claire es una de las primeras Hermanas venidas de Couzon.
  7. Carta de Planque a la Hna. Eugène, 20/9/1882.
  8. "Hay santos que se retiraron al desierto...¡Ustedes no son de esa vocación!" (Conferencia del Noviciado), cf, nota4 y 5 de http://padreagustinplanque.blogspot.com.ar/2016/12/capitulo-undecimo-esencialmente_27.html

CAPITULO UNDECIMO: ESENCIALMENTE MISIONERAS (8)

3- CONSAGRADAS PARA SERVIR (2)

La pobreza: cuando establece sus normas sobre ella, para el Instituto, la ve como una situación de dependencia, como un espíritu de desprendimiento que ayuda a simplificar las necesidades habituales de la vida. Vivir como pobre es aprender a recibir y, no poseyendo nada como propio, a poner todo en común. Y en loque podría sentirse como una frustación, florecerá la alegría de un corazón verdaderamente liberado. Pero cuando no se carece de lo necesario, menos aún de todo lo que puede asegurar una buena salud, de qué manera conocer algo de la dura condición de los verdaderos pobres cuya carencia llega hasta la miseria y el hambre?
Por el hábito a las renunicas personales, a través del compartir todo lo ue tienen y lo que son, en la simplicidad de sus elecciones y de su modo de vida, en una solidaridad estrecha con los más desprovistos, las Hermanas vivirán en verdad una pobreza efectiva dispuestas a dar todo lo "que han recibido gratuitamente del Señor", y capaces de aceptar con coraje las privaciones, la incomodidad o incluso la inseguridad que- momentáneamente al menos- pueden sobrevenir en sus vidas.

El celibato consagrado: para quien desea ir más allá de un amor y de un hogar, con el propósito de entregarse más libremente a todos, requiere del dominio de sí, un hábito de reserva y especialmente una entrega total al Señor. 
Pero ésto de ninguna manera excluye la riqueza de las relaciones, los vínculos fraternales o la amistad, de la que el Padre Planque tiene una elevada idea.
"Su mismo nombre es santo", se encuentra en notas de sermón, "y sus derechos inviolables". "Dos cosas hacen sólida una amistad: el afecto que es su fundamento, y la fidelidad que interviene como el sello y la consolidación del afecto mutuo, de esa especie de contrato por el cual se compromete fidelidad uno al otro..."

Como viven en países todavía poco conocidos por ellas, el Padre recomienda a sus hijas la prudencia, y mucho más teniendo en cuenta que las mentalidades y las costumbres consideran como gran honor la fecundidad del casamiento y no están aún preparadas para comprender el celibato.
Pero les gusta recordarles a menudo, que es la amistad de Cristo lo que da sentido a ésta consagración. Dónde encontrar, si no en la oración, la fortaleza y la fuerza de trabajar para forjarse un corazón libre, dichoso en hacer a los otros felices. En efecto, es un medio muy seguro para lograr una vida apostólica el hacer brillar la caridad y el saber crear alrededor de sí, un clima franco y sano donde, en la transparencia, la simplicidad y la libertad del corazón, el celibato consagrado pueda testimoniar verdaderamente lo que  quiere ser: un signo de la ternura de Dios.

En cuanto a la obediencia, es seguramente una de las virtudes que el Padre inscribía de buena gana al frente de todas las otras y que recomendaba más frecuentemente a las Hermanas (1).
El modelo que propone es siempre Jesucristo cumpliendo la voluntad de su Padre. "Qué importa dónde voy, gustaba repetir, cuando es Dios quien me envía."
En el instituto que él funda, la manera de obedecer se presenta primero como el respeto a la autoridad casi absoluta de los Superiores, y esa exigencia estricta está ciertamente en la línea de los que anhela (2). Una forma de obediencia que no carece, sin duda, ni de grandeza, ni de mérito, ni de renuncia. El Padre, siguiendo la costumbre de su tiempo, pero también según su propia intención, da poco lugar al diálogo o a la escucha de las preferencias legítimas que las Hermanas podrían expresar. No obstante, está siempre atento, al confiar un puesto, un cargo o un empleo, a respetar los dones y disposiciones naturales de las Hermanas. Una obediencia que es sólo un ejercicio de ascetismo, sería un absurdo. Realista, equilibrado, muy humano, el Padre, aquí se aparta de ciertos maestros espirituales del pasado.

El Concilio Vaticano II, ha devuelto a la virtud de la obediencia religiosa, su verdadero valor que es teologal, y su dignidad de acto libre y responsable- y ha quitado quizás, el rigor y la absoluta sumisión exigidos por el Padre Planque. En adelante, si aceptamos siempre la mediación de los Superiores y de las comunidades para leer en su propia vida los signos de Dios, y si se hacen propias las decisiones provenientes de la autoridad, se toma más conciencia que se obedece a Dios. Las responsables y Hermanas, juntas se saben llamadas a discernir cómo hacerce disponibles a Dios para ayudar al bien de las personas y al progreso de todo el pueblo de Dios.

Tal es el tipo de obediencia vivida en la Congregación. Incluso revalorizada y re-humanizada de alguna manera, desde hace unos treinta años, la obediencia será siempre, como en la época del Padre Planque, un ejercicio exigente y difícil porque, permaneciendo en el recto camino de la búsqueda de la voluntad de Dios, llama a vivir el misterio pascual de la muerte y resurrección del Señor.

Así, el Padre, que no tiene nada, quizás de lo que se llama un maestro de espiritualidad, pero que es sin embargo un verdadero "espiritual", enteramente conducido por la Palabra y por el Espíritu de Dios, supo dar desde el comienzo, a los miembros de su Congregación, líneas de vida bastante fuertes para que puedan afrontar sin temor, y en la esperanza, el mundo desconocido que las espera. 


  1. Carta de Planque a las Hermanas de Cork, 22/12/1887: "La humilde obediencia conduce a Dios". Al Padre Bouche, 19/9/1868: "Al conservar el espíritu de obediencia y de devoción, harán avanzar la obra de Dios."
  2. Sobre la autoridad muy absoluta del Padre frente a las Hermanas, se tiene una carta del padre Pourret, 29/4/1880, que le reprocha "ejercer un poder demasiado personal y apremiante y de privarlas así, de la iniciativa y de libertad..." De hecho, el Superior ha querido adoptar una línea de conducta próxima a la de la Compañía de Jesús.